La historia
Ingresan al salón sagrado del Oráculo, un espacio suspendido fuera del tiempo. Aquí, la vista no es útil, ya que la realidad es completamente diferente. Deben permanecer con los ojos cerrados para conocer su propio destino.
Presidiendo esta ceremonia el vidente sabe que el destino es un hilo frágil que no se lee con la vista, sino que se presenta por el paladar. Su asistente es la que les explicará el proceso por el cual las hojas del té les mostrarán su destino.
Una vez dicho esto, deberán beber el té y confesarlo a los anfitriones. El invitado relatará las sensaciones que le provoque las infusiones y el Vidente, tomando ese augurio, dictará la sentencia ineludible. Si mienten o dudan al describir lo que sienten, el vínculo será inservible y el viaje habrá sido infructuoso. Si se abren a las hojas, ellas les dictará su fortuna para el futuro.