La historia
Las luces de cabina parpadearon violentamente antes de morir. A 35,000 pies de altura, en algún punto del Pacífico Norte, el vuelo 773 se ha convertido en un objeto suspendido en la nada. El intercomunicador estalló hace diez minutos y la cabina de mando no responde. Están completamente solos en el aire, y el pánico ya comienza a hacer eco en los pasajeros.
El Sobrecargo en Jefe intentará sofocar el caos inminente con frases de protocolo, mientras la asistente pasa con el carrito para entregar un servicio de emergencia. En la ceguera del avión se servirán cócteles para sedar el estrés.
Mientras beben, la tripulación describirá las aberraciones cósmicas que iluminan débilmente el fuselaje por fuera. Tendrán que concentrarse en las sensaciones en su boca, debatiendo si los relatos de la asistente son alucinaciones inducidas por la hipoxia o un primer contacto cósmico. La mesa deberá decidir si seguir el protocolo de choque del Jefe y asegurar sus cinturones para el impacto en el mar, o hacer caso a a la asistente y prepararse para una abducción. Si eligen mal, el avión se partirá en dos. Si descifran la realidad sobrevivirán y tendrán algo para contar.