La historia
El barquero ha cobrado su moneda y has llegado al Tártaro. El viaje de la vida ha terminado. Y tu alma ha cruzado las aguas del río Estigia y ahora es propiedad del reino de los muertos.
A tu llegada Hades los saluda. Su presencia es imponente, absoluta y silenciosa. Sin embargo, a su lado, coronada por sombras y flores marchitas, se alza Perséfone. Conoce de primera mano el peso de la eternidad y, movida por un capricho o una retorcida piedad, ha decidido ofrecerles un trato clandestino a espaldas de su señor para devolverles el aliento de vida.
En la oscuridad total, Perséfone ha dispuesto sobre sus platos el fruto de la perdición. . Camufladas en el plato conviven dos realidades. La mayoría son esferas ilusorias, gotas de néctar inofensivas diseñadas para engañar al inframundo; consumirlas es su único boleto de regreso a la superficie. Pero ocultas entre ellas laten las verdaderas semillas de la granada maldita. Tendrán que palpar cada cuenta con un cuidado milimétrico, rastreando la mínima diferencia de firmeza o aroma para aislar el fruto prohibido. Deberán comer solo la ilusión y desechar la verdad. Si la desesperación los vuelve torpes y sus dientes quiebran una sola semilla real, el jugo de la granada sellará su pacto con la tierra y el inframundo se convertirá en su prisión para siempre.