La historia
El barco avanza a la deriva. Una melodía hipnótica, letal y de una belleza antinatural ha comenzado a arrastrar a la tripulación hacia la locura.
En el corazón de la cubierta, atado violentamente al mástil principal y desgarrándose la garganta en gritos desesperados, se encuentra Ulises. Su arrogancia lo condenó a escuchar el abismo y ahora se retuerce, suplicando tomar el timón antes del impacto. La Sirena Reina ha prometiendo la paz eterna y el descanso absoluto a cambio de un único tributo: que estrellen la embarcación contra los arrecifes y se entreguen a las profundidades.
Siguiendo el instinto de supervivencia más antiguo del mar, sus oídos han sido sellados herméticamente con cera y sus ojos han sido vendados por Ulises, sumiéndolos en el aislamiento más absoluto. Ciegos, sordos y atrapados en sus propios pensamientos, los gritos de auxilio son inútiles.
En el centro de la mesa aguarda un rompecabezas de supervivencia, un mapa fragmentado de sabores y texturas. Sin poder hablar ni escuchar, deberán extender las manos, encontrarse a ciegas y comunicarse únicamente a través de la presión de sus dedos y el contacto físico para pasarse los ingredientes. Solo uniendo los sabores correctos en equipo lograrán descifrar el mecanismo táctil que libera las amarras del capitán. Si logran trabajar como una sola mente en el silencio y desatan a Ulises, él girará el timón a tiempo. Pero si el aislamiento los vence y el rompecabezas queda incompleto, el barco se hará pedazos contra las rocas y las sirenas devorarán sus restos en el fondo del mar.