La historia
En este futuro enfermo, la nostalgia es la droga más letal del mundo. La humanidad ha perdido la capacidad de distinguir lo real de lo implantado; las vivencias ahora, se embotellan y se trafican al mejor postor. En el mercado negro de la memoria, se encuentran los últimos fragmentos del alma de un muerto que beberán para desentrañar un asesinato que el sistema judicial ha dado por perdido.
Un familiar de la víctima ruega por su ayuda y les suplica consumir las memorias de su ser querido para armar el rompecabezas de su homicidio. Sin embargo, un Agente de la Policía de la Realidad se ha infiltrado, sabe que ustedes son adictos a los recuerdos ajenos, pero los necesita. Para él, sus paladares son procesadores biológicos desechables, y los va a utilizar para decodificar una evidencia que ha sido corrompida por los hackers del bajo mundo.
Para saborear los recuerdos , es necesario perder la vista. Una vez hecho esto, se deslizarán viales líquidos que son los recuerdos extraídos de los testigos y de la propia víctima en sus últimos segundos de vida. Al momento exacto de tragar, escucharán pistas de los recuerdos de cada uno de los involucrados. Sin embargo, el asesino ha hackeado las grabaciones para fabricarse una coartada perfecta.
Deberán debatir y contrastar lo que escuchan sus oídos para reconstruir la escena real del crimen. Si acusan al sospechoso correcto, el Agente cerrará el caso. Si sus sentidos fallan y eligen la memoria falsa, el Agente detonará un pulso electromagnético sobre su mesa para borrarles la memoria a corto plazo, confiscando el resto de su banquete.