La historia
La niebla del Támesis ha descendido sobre los callejones de Londres. Caminar por las calles es practicamente una sentencia de muerte, en algún lugar a escasos metros, un depredador acaba de destripar a su última víctima. No hay testigos, no hay luz.
La inspectora sabe que el asesino sigue en el área y se niega a dejarlo escapar. Analizando las pruebas se encuentra el Médico Forense, pero la oscuridad le impide examinar la profundidad con su instrumental habitual. El tiempo corre, la niebla se cierra y Scotland Yard necesita sus instintos para desentrañar el horror antes de que el asesino vuelva a atacar.
Han sido reclutados de emergencia como los peritos de esta noche. Se ha desplegado la evidencia en su mesa de estudio. Un ensamblaje de cortes de carne cruda y curada que replican el tejido desgarrado de la víctima. La misión es ejecutar una autopsia puramente sensorial. A ciegas, sus dedos y sus paladares deberán convertirse en bisturíes.
Tendrán que palpar, morder y diseccionar, rastrear la dirección de las fibras y medir el grosor de cada bocado para identificar qué corte pertenece a qué extremidad. Su objetivo es reconstruir mentalmente el mapa del cuerpo mutilado y debatir para entregarle al forense el veredicto definitivo. Si la autopsia a ciegas es precisa, la Inspectora obtendrá el perfil biomecánico del carnicero y ordenará el arresto en el callejón. Pero si sus sentidos fallan y el análisis de la carne es erróneo, la investigación colapsará y el monstruo se disolverá en la niebla londinense, dejando a su mesa como la próxima presa.